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La Psicología en la CampaÑa PolÍtica

Por Alberto E. de Aragó

 

La campaña, es tal vez la actividad más estresante en la vida de todas las personas relacionadas con la política, es en este proceso en  el  que concurre  todo lo aprendido, pactado,  planificado, e intuido durante años.  Para el candidato, se trata del evento en que se determinará si los sacrificios del pasado se habrán hecho acreedores de las recompensas por las que ha luchado para su futuro.  Esto es real,  aunque en distintas intensidades,  para  los  candidatos,  los   grupos   de apoyo, los amigos cercanos,  y la  familia.

¿En qué consiste el criterio en cuanto a la psicología en la campaña política?  En primer lugar,  la campaña política es una lucha por la mente y el corazón de los votantes;  una competencia por el razonamiento y las emociones.  La campaña muy apegada a los hechos y los datos,  puede carecer de la emotividad necesaria,  y la extremadamente emocional, podría resultar poco inteligente;  convincente sólo a través de las emociones, lo cual mantiene las preferencias o decisiones por lapsos menos prolongados y obligaría a  frecuencias mayores de comunicación, y a cambios más frecuentes en los mensajes. La persona experta en psicología  contribuirá a determinar, en la campaña,  ese balance ideal entre ambas,  la emoción y la razón. 
 
La campaña profesional se fundará en un plan estratégico que a su vez se desprenderá de los resultados de estudios cualitativos y cuantitativos. La fase cualitativa de la investigación tiene la misión de escudriñar en la mente humana,  nuestras preferencias inconscientes; nuestros motivos psicológicos o primarios.  Y, tanto en la observación de los comportamientos kinésicos, o lenguaje no verbal  de los participantes,  como en la interpretación y posterior puesta en marcha de las estrategias, la participación de un psicólogo o psicóloga es  relevante.  

Dicen los motivadores  y los psicólogos que,  para lograr un objetivo, es necesario visualizarse como poseedor del mismo; que lo anhelado no se trata de una ilusión, sino de un hecho  consumado. Como consultores, estamos totalmente de acuerdo con este principio, que aplica no sólo a la política.  Pero esto no es fácil de materializar,  el poder de la mente es un hecho real, pero no todos tenemos la habilidad para ejercitarlo debidamente.  He aquí otro  aspecto en que la participación de una persona de esta disciplina,  la psicología,  puede realizar un servicio invaluable a favor del candidato y su cúpula de apoyo.

Por otra parte,  el candidato y su grupo deberán mantener una mente positiva ante todas los  acontecimientos que tienen que enfrentar, vicisitudes de distintas índoles; ataques  frecuentemente  infundados,  motivados sólo por el interés político de quien o quienes lo originan;  tentaciones que pueden pugnar con sus principios morales;  traición de amigos y correligionarios.  Todas estas situaciones son más benignas con el apoyo de un (a) profesional de la psicología.
      
Otra situación que, por lo regular no se tiene presente,  es la motivación,  la razón o leit motive por el cual se participa en política.  Algunos candidatos, aún con la  posibilidad de ganar una elección,  son temerosos del triunfo; temen a su posible elevación a su nivel de incompetencia.  Este tipo de candidato hará lo imposible por resultar perdedor, y arrastrará consigo todo el esfuerzo  y la inversión de muchos.   Otras figuras tienen la necesidad de probarse a si mismos, o a sus familiares o amigos, que son superiores a lo que de él o ella se pensaba.  Esta figura, contraria a la del ejemplo anterior,   hará un esfuerzo desmedido por triunfar… en ocasiones demasiado desmedido, lo cual pudiera resultar en un  fracaso. 

Está el candidato que,  por contar con todo el poder económico a que había aspirado,  ya no le queda más motivación que lograr el poder político.  Y, lógicamente, también participan los políticos naturales,  los que aman a sus pueblos,  tienen vocación de servicio,  y  el sentido de sacrificio  y  justicia.  Cada una de estas figuras tendrá una actitud distinta durante la campaña;  se alejarán o acercarán más a las posibilidades de triunfo, según sean sus comportamientos. Y todos podrían resultar ganadores y hasta buenos gobernantes,  si se les ayuda a identificar y enfrentar   sus verdaderas motivaciones y el origen de estas.  Y para lograr  el justo balance, nada mejor que la participación de psicólogo o psicóloga.   

 

En la campaña política participan personas distintas,  de bases educacionales distintas, de s diferentes niveles socio-económicos y  de intereses disímiles.  Unos participan por devoción hacia la figura en competencia; por comunión de ideologías;  por ocupar un tiempo desesperantemente  disponible;  por remuneración económica,  o por soñar con  compartir el poder.  Cada ente tiene un pensamiento, un objetivo y una motivación muy  propia. El o  la  profesional de la psicología,  contribuirá a  lograr un objetivo de grupo: el triunfo electoral,  no la gratificación personal que, en ocasiones, podría ser hasta contraria a los intereses grupales.  

Muchos participantes en contiendas políticas, incluyendo algunos   candidatos,  han   rechazado someterse al trato del psicólogo; han aducido  no necesitarlo,  sin comprender que el objetivo es, precisamente,  que la  presión del proceso no los afecte emocionalmente,  que mantengan su unidad familiar tanto física como de salud mental. Y es que algunos procesos han cobrado hasta la vida familiar de algunos candidatos que se entregan sin límites al evento electoral.

En  particular,  el día siguiente de los comicios,  se haya ganado o perdido,  es  un día propenso a las depresiones;  ya no suenan los teléfonos con la misma frecuencia, no los buscan, no se tiene que comparecer ante los medios, ni los detienen en la calle para tomar fotografías, que firmen autógrafos, o para manifestarles su apoyo.  En particular, si resultan perdedores, la vida cambiará más drásticamente aún; los numerosos amigo circunstanciales se alejarán, mientras los enemigos y detractores,  por lo regular más consistentes que  los  primeros,  mantendrán su posición.

Nuestro consejo al candidato durante la campaña, es dedicar las primeras horas del día al solaz, a   hacer ejercicios; a  arrullar a sus hijos y a su cónyuge, y después,  a algo menos importante  que su vida personal,   pero más urgente en el momento actual:  la campaña política.  Uno de nuestros  planteamientos sugeridos a los psicólogos y psicólogas activos en campañas electorales,  es hacer creer al grupo, en particular al candidato, que los ejercicios tienen como objeto prepararlos para el triunfo; mantener la unidad del grupo cuando se haya logrado este objetivo.

Cuando en las elecciones se observan empates estadísticos o carreras muy cerradas en la etapa final, se recomienda la implementación de una táctica, que en la práctica personal  la hemos denominado “psicología del triunfo”.  Esto consiste en que días antes del cierre de campaña el grupo político desarrolle diferentes actividades de celebración de su virtual e inminente triunfo electoral. 

Se ha probado que el entusiasmo que provoca una campaña debidamente diseñada y orquestada para este propósito, contribuye a la conquista de votos a nuestro favor, esta táctica puede combinarse con la introducción de un factor emocional durante los últimos días de la contienda, en particular cuando éstos son incontestables por los contrincantes,  ya sea por el lapso faltante hasta el día de los comicios, o por aspectos legales.  En ambas instancias, tanto en el diseño y prueba del factor emocional,  como en la determinación de la campaña destinada a crear la psicología del triunfo, la labor del profesional de la psicología puede resultar altamente efectiva.

En todos los medios en que hemos participado en política, el candidato se  rodea,  o rodea al candidato,   de un grupo reducido y selecto de colaboradores que le filtraran toda la información y le “embargarán” la agenda. Incluso será endiosado, privilegiado y hasta se le declarará invencible,   obviamente alejándolo de la realidad.   En este se encuentra la zona de comodidad  del candidato, en la que todo lo que sucede es grato, halagüeño, sin agresión, pero que tampoco produce nuevos seguidores.   Pero un candidato para tener maximizar sus posibilidades de triunfo deberá mantener contacto permanente con la realidad objetiva, tener los pies sobre la tierra y una mente abierta para asumir las responsabilidades. En este caso, también es importante la función de los  profesionales de la psicología quienes,  sin crear conflicto, contribuirá a mantener al candidato en el mundo exterior, en su ubicación real dentro del contexto,  y  protegerlo del secuestro y exceso de protección del grupo cumbre.

Pero en realidad la labor del psicólogo o psicóloga, es participar en la campaña,  durante todo el proceso,  para mantener la salud mental de todos,  idealmente también de la familia del candidato,  y prepararlos tanto para el triunfo como para el fracaso.

En consecuencia, el apoyo psicológico es  tanto para ganadores como para perdedores, a los segundos sólo le quedaran los amigos incondicionales - que son los menos -  recibirán críticas y probablemente se le endosarán los problemas y la culpa del fracaso.

Los candidatos punteros de los procesos,  pueden  también tener  problemas serios.  Por ejemplo adquirir actitudes triunfalistas puede afectarlos hasta  asumir posiciones autocráticas de un funcionario ya electo.   Un psicólogo (a)  puede manejar esta situación para que no afecte los intereses políticos de la figura.  Una cosa es actuar con la confianza de un  triunfador,  y otra es adquirir los aires de un triunfalista. 

Con toda certeza los partidos del futuro,  así como los consultores políticos,  tendrán muy presente el beneficio que puede generar la labor de un profesional de la psicología, como integrante principal de los grupos de apoyo de las campañas  políticas.

 

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