| EN PERÚ:
“EN ESTE GOBIERNO NUNCA EXISTIÓ INTELIGENCIA”
Por: Entrevista
a Fernando Rospigliosi por Andrés Bayly Letts
Fuente: Cosas.com
Fernando Rospigliosi habla fuerte y claro
sobre varios de los temas que actualmente sacuden el escenario
político actual. Ojalá que se equivoque,
porque sus previsiones no son nada alentadoras.
Haber sido ministro del Interior y jefe del
Consejo Nacional de Inteligencia le da a Fernando Rospigliosi
cierta autoridad para opinar sobre el acontecer político.
La censura parlamentaria de la que fue objeto hace ya algún
tiempo no le ha quitado el brío y las ganas por llamar
las cosas por su nombre. Al contrario, probablemente sea la
marca dejada por la traición lo que le imprime tanto
calor a sus declaraciones.
–Si es que alguien todavía
tenía alguna duda, ahora ya quedó clarísimo
que el sistema de inteligencia hace agua por todo lados. ¿Hay
alguna posibilidad de que esto pueda cambiar?
–No, no va a cambiar. El Consejo
Nacional de Inteligencia es una fantasía. Durante
este gobierno no existe y nunca existió Inteligencia.
–¿Ni siquiera cuando
usted la dirigió?
–No, claro que no. Cuando yo recibí
el CNI, era un desastre. En esa época, el CNI emitía
boletines diarios que eran el hazmerreír del Consejo
de Ministros. Yo los recibía como ministro del Interior
y después de haberlos leído dos o tres veces,
los pasaba de frente por la trituradora de papeles sin siquiera
mirarlos, porque eran una porquería. Ése era
el CNI que tenía Daniel Mora. Velit estaba pintado.
Cuando yo entré al CNI se hizo un plan de reestructuración
y se le dijo al Presidente que eso necesitaba, mínimo,
de 18 a 24 meses para empezar a funcionar. Y otra gente,
muy cercana al Presidente y que sabe de inteligencia, también
le dijo lo mismo. Pero él no entendía eso,
nunca entendió y nunca se preocupó. Lo que
quería finalmente era usar el CNI para sus intereses
particulares, y eso fue lo que logró tanto con Almeyda
como con Mora.
–¿Nunca le preocupó
consciente y voluntariamente, o por pura ignorancia y desidia?
–No, por ignorancia. Esos problemas
no le interesan. Lo único que le interesa es usar
el aparato del Estado para sus fines específicos.
Por eso, cada vez que pudo, puso a gente de su confianza
como Almeyda o Mora. Y luego, cuando Mora organizó
esa conspiración contra mí que denunció
el diario “Correo” y se vio forzado a renunciar,
entonces era la gran oportunidad para empezar de nuevo.
Incluso en el Consejo de Ministros, Carlos Ferrero nos informó
que en una semana se cerraría el CNI y se empezaría
de nuevo. Pero nunca lo hicieron. Quedó la misma
gente, pusieron a un almirante retirado que cambió
algunas personas y todo siguió igual.
–El CNI es un órgano
que depende de la Presidencia del Consejo de Ministros. ¿Cree
que Ferrero es políticamente responsable de los sucesos
de Andahuaylas?
–No, yo no quiero hablar sobre las
responsabilidades. Yo he sido ministro censurado, así
que no me compete.
–¿Hace bien la oposición
en seguir peleando la censura a pesar de la renuncia del ministro
Reátegui?
–Es un juego político.
Respuestas entre líneas
–Si usted hubiese sido ministro
del Interior cuando sucedió lo de Andahuaylas, ¿qué
le hubiese aconsejado al Presidente?
–Prefiero no hablar sobre lo que
yo hubiera hecho en esa circunstancia. Lo fundamental es
que esto es una asonada delincuencial, pero también
política, y en estos casos se requiere, desde el
comienzo, una respuesta también política,
aparte de la respuesta policial. Y la respuesta política
tienen que hacerla los civiles.
–¿A quién se
refiere cuando dice “los civiles”?
–A los civiles del gobierno y del
Ministerio del Interior. Hay una horda de gente que ha entrado
al ministerio para agarrar cargos, pero no se trata de eso,
sino de que cuando ocurren este tipo de acontecimientos,
los civiles tienen que dar el combate político. Eso
es indispensable y se tiene que hacer desde el primer minuto.
Y la otra cosa es que el Escuadrón Verde de la Policía
Nacional fue creado para luchar contra la delincuencia menor.
–¿Cree que se debió
seguir negociando luego del asesinato de los cuatro policías?
–Sobre eso prefiero no opinar. No
me parece adecuado.
–¿Cómo se debe
enfrentar al etnocacerismo?
–En realidad, el etnocacerismo es
un movimiento que no es fuerte, está dividido y no
hay un liderazgo fuerte. Humala es un individuo delirante
y desquiciado, sin un rumbo claro. No es el movimiento fuerte
y con muchas bases que pudiera parecer. Sin embargo, dada
la situación explosiva que hay en el Perú,
aventuras de este tipo pueden encontrar cierto respaldo.
Hay que enfrentarlas políticamente, pero dado que
también son movimientos violentos, también
hay que enfrentarlos policialmente.
–¿En qué acciones
concretas se traduce la respuesta política de la que
usted habla?
–La respuesta política hay
que ir dándola en cada coyuntura; por ejemplo, denunciarlos
cuando intervinieron a favor de los cocaleros.
–Es un acecho constante, entonces.
–Hay que estar haciéndolo,
pues. Por lo menos, cuando estaba en el ministerio, eso
es lo que hacíamos. Cuando Humala iba donde los cocaleros,
lo denunciábamos ante los propios cocaleros diciéndoles
que quería aprovecharse de ellos para llegar al Congreso.
Y también lo denunciábamos ante la opinión
pública dando a conocer su pretensión de convertir
el país en un estado narco.
El porqué de Punta Sal
–Supongamos que censuran a
Ferrero y que Toledo, tal como algunos especulan, decide darle
el premierato a Olivera. ¿Sería una decisión
acertada?
–No, sería un error fatal.
Fernando Olivera suscitaría el rechazo inmediato
del Apra y de otros sectores, y eso no contribuiría
a apaciguar la situación, sino a crear más
conflicto.
–Pero, por otro lado, Olivera
podría ser el escudero perfecto para tratar de cerrar
filas lo más que se pueda hasta el 2006.
–No necesariamente, porque una situación
de conflicto no ayudaría para nada a Toledo. Ahora,
en realidad, Toledo ya tiene muy pocas opciones.
–¿De qué?
–De mejorar la situación.
De aquí al 2006 la cosa se le va a deteriorar. Y
ahora, con la reaparición de la señora Burga,
se ha puesto nuevamente en agenda el tema de la vacancia,
a lo que él le tenía terror.
–¿O sea que sí
le asustaba una posible vacancia?
–Sí, claro, le tenía
terror. La mayor parte de su energía y de su tiempo
ha estado dedicada a los congresistas, porque el que podía
vacarlo era el Congreso. Pero él pensó que
ya lo había superado. A finales del 2004 ya no se
hablaba de vacancia; ese tema ya estaba superado, se hablaba
de las elecciones.
–¿Por eso se fue a Punta
Sal?
–Claro, regresó a Punta Sal
después de un buen tiempo. Eso demuestra que él
creía que ya podía hacer lo que le daba la
gana.
–¿Pensaba que ya todo
era cuesta abajo?
–Así es, ya no le importaba
que lo criticaran los medios, ni los resultados de las encuestas.
Pensó que ya no pasaba nada, que no lo iban a bajar
y que podía hacer lo que quería. Y por supuesto
que se equivocó otra vez. Ahora de nuevo se habla
de la vacancia y la inestabilidad crece cada vez más.
–Si entra una llamada a su
celular y es el Presidente que le dice: “Fernando, yo
he cometido muchos errores, necesito una persona lúcida
y con determinación que me ayude a terminar mi gobierno
lo mejor que se pueda; te pido que seas mi premier”,
¿aceptaría?
–No. En primer lugar, él no
haría eso de ninguna manera.
–¿Cómo sabe?
–Porque jamás diría
“he cometido errores”.
–¿Es soberbio?
–Mucho. Y en segundo lugar, nunca
me ofrecería el puesto a mí, sobre todo ahora
que necesita tener el manejo de muchos sectores para arreglar
todos los asuntos oscuros en los que está metido.
Y, como dicen los abogados, en el supuesto negado que eso
ocurriese, yo tampoco aceptaría.
Deshojando margaritas
–Hace algún tiempo usted
dijo que este gobierno era estructuralmente débil.
Con la asonada de Humala y el escándalo de las firmas,
esas estructuras se hacen aún más débiles.
¿Qué panorama nos espera?
–Uno muy complicado. Éste
es un gobierno sin la legitimidad necesaria para imponer
la autoridad y el orden. ¿Qué va ocurrir en
el futuro con estos dos sucesos que debilitan aún
más al gobierno? Yo creo que la situación
se va a poner más complicada. Así como las
fieras huelen la sangre e inmediatamente van donde la presa,
la gente también huele la debilidad de este gobierno.
Todos los que quieran sacar una tajada de algo, lo van a
hacer. Los camaleros, los cocaleros, los antimineros, sectores
empresariales, todo el mundo querrá sacar una tajada.
Hasta los congresistas, en puestos públicos o con
leyes interesadas. Y un gobierno tan débil difícilmente
puede resistir esa presión.
–Rafael Rey dice que hay tres
opciones: primero, que Ferrero siga, lo cual no solucionaría
nada y hasta agravaría la situación; segundo,
que cambien a Ferrero por otra persona, pero que tampoco solucionaría
nada porque el problema está en Toledo y no en su premier;
y tercero, que se adelanten las elecciones. ¿Qué
piensa?
–No estoy seguro, porque creo que
una vacancia presidencial sería muy complicada. Hay
varias alternativas, como un adelanto de elecciones…
Pero él nunca lo va a hacer.
–¿Y no se lo puede conducir
o convencer?
–No, no creo. Eso no va a suceder.
A él le encanta disfrutar del poder, ha llegado allí
y nadie lo va a sacar. Por otro lado, vacar a Toledo es
muy complicado porque, quién quedaría: ¿David
Waisman? David Waisman es inimputable. Tendríamos
al presidente del Congreso. Pero todo esto ya es una situación
caótica. La economía, que es lo que mejor
funciona en este gobierno, se paralizaría, nadie
sabría qué hacer. Hay que tratar de apuntalar
lo que hay y tratar de que sea menos malo de aquí
al 2006, porque bueno no va a ser.
A cada quien lo que le corresponde
–¿Se siente muy frustrado
luego de su paso por la política?
–Bueno, es verdad que hay una gran
decepción. Pero lo que me enseñó mi
paso por la política es que en el Perú sí
se puede hacer las cosas bien. Sólo se necesita gente
honesta, con ideas y trabajadora. La segunda enseñanza
es que las cosas se pueden destruir en un abrir y cerrar
de ojos.
–¿Recuerda qué
sintió al día siguiente de haber sido censurado?
–Sí, mucha pena, porque hubo
una ceremonia muy emotiva en la Escuela de Policía
y ya intuía que todo lo que habíamos hecho
se iba a frustrar. Y a la vez sentí un gran alivio,
porque la tensión de estar en el Ministerio del Interior
es permanente.
–A usted lo censuraron por
Ilave, pero entre los cargos que le levantaron los congresistas
también estaba el hecho de ser, según ellos,
prepotente y malcriado. ¿Qué piensa de eso?
–Que son unos mediocres y unos corruptos.
Esta gente es increíble, porque vive totalmente desligada
de la realidad. ¡Se creen reyes! Una cosa que me sorprendió
mucho fue que el día de mi interpelación,
cuando estaba hablando y les dije en su cara todo lo que
pensaba sobre ellos, los apristas se retiraron del hemiciclo
y se me vino la manada de búfalos encima para agredirme
físicamente.
–¿Pero usted qué
les había dicho?
–No los había insultado, simplemente
los había tratado como se merecen, como una pandilla
de mediocres y de corruptos. No lo dije en esos términos,
es cierto, pero los traté como merecían. Pero,
en fin, esta gente no va a cambiar.
–¿Hubiese preferido
seguir haciendo trabajo académico y periodístico
en lugar de participar en política?
–La política da muchos sinsabores
porque, como es un ámbito dominado por corruptos
como Mufarech o González, que están acostumbrados
a nadar en el lodo, claro, para ellos no es problema, pero
a una persona distinta le molesta ser embarrado por estos
miserables. Pero, finalmente, sí es una experiencia
interesante.
|