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Las elecciones en Perú
¿Sorpresas que da la vida?

Por Giovanna Peñaflor


 

Cuando se analizan procesos electorales en países como el Perú, siempre se tiene la sensación de estar ante fenómenos electorales o situaciones imprevistas. Los candidatos favoritos, aquellos que lideran las encuestas durante la mayor parte de la campaña, parecen de pronto destinados a perder, a desaparecer del proceso electoral. Sin embargo, vale la pena preguntarnos si realmente nuestros países son tan impredecibles o si más bien nos enfrentamos a una incapacidad para leerlos, para interpretarlos, para ver las claras señales que nos dejan por doquier.

¿Hasta que punto puede alguien sorprenderse con los resultados electorales peruanos? ¿Cuán inesperada resulta la presencia de Ollanta Humala y Alan García en la segunda vuelta  y la desaparición de Lourdes Flores del escenario político? La pregunta de fondo que deberíamos respondernos frente al último proceso electoral tiene que ver con la relación siempre olvidada entre los procesos de largo plazo (la campaña permanente) y los coyunturales (la campaña electoral). Determinar que parte de los resultados corresponde a cada aspecto resulta sumamente útil no sólo para deslindar responsabilidades, sino para poder aplicarlo a futuros escenarios.

 

A la derecha, derecha

Un año antes del proceso  electoral, los medios de comunicación auguraban el triunfo de la derecha en el proceso electoral . Es más se hablaba de la proliferación de candidatos de derecha y de la desaparición del discurso de izquierda de la oferta electoral , dándose además por sentado la unanimidad ciudadana sobre aspectos como el modelo económico. ¿Propaganda o error?  Una lectura inteligente de las cifras de los sondeos de opinión (de allí la importancia de un seguimiento permanente de los mismos) indicaba que el grueso de los peruanos demandaban mayor intervención del estado, que querían cambios en materia económica y no sólo política, que no veían las bondades del sistema aplicado. El mercado electoral apuntaba desde ésa época hacia la izquierda. Nada de esto fue tomado en cuenta ni por los medios, ni por la clase política.   

Prueba de que los candidatos aceptaron el diagnóstico elaborado desde las editoriales de canales de televisión, radios e intelectuales defensores del libre mercado, se puede observar en la composición de las planchas electorales (la de Unidad Nacional y la del APRA) , la falta de concreción de algunas alianzas ( Valentín Paniagua no llegó a ningún acuerdo con líderes de izquierda lo que colocó a la derecha su oferta electoral)  y las idas y venidas en más de una campaña ( el líder aprista pasó durante el último año de un discurso a favor de las inversiones a identificarse con las demandas laborales de siempre). La falta de visión fue clave  para determinar que las propuestas de derecha terminaran siendo inviables y que no se pudieran construir opciones de izquierda o centro izquierda más democráticas.

La derecha  equivocó el diagnóstico y llegó con aires triunfalistas al proceso electoral. El carisma de Lourdes Flores Nano  no fue suficiente para neutralizar los miedos que continúa generando en nuestros electores  el darle el poder a sectores demasiado afines al sector empresarial, a los inversionistas. Sin lugar a dudas, Lourdes Flores Nano nunca debió pensar en la elección de Arturo Woodman, hombre vinculado a uno de los grupos económicos más fuertes del país, como miembro de su plancha presidencial. De haber entendido cuál era el humor del electorado peruano habría identificado el enorme flanco que abría a su candidatura con esa elección. A partir de entonces el sanbenito de candidata de los ricos, de los poderosos, no se lo pudo despegar.

¿Podía Lourdes Flores haber logrado superar la mala imagen de la derecha en el país durante el corto tiempo de  la campaña electoral? Los resultados oficiales nos muestran que la candidata de Unidad Nacional pudo pasar a la segunda vuelta. Con una mejor campaña  hoy podría tener fuertes posibilidades de convertirse en la primera presidenta mujer del país. Para pasar a segunda vuelta, a la Dra. Flores Nano le habría bastado con desarrollar razones fuertes para votar por ella (no confiarse en el simple “voto por ella por ser mujer”), con escoger mejor a sus socios políticos, con responder a tiempo a la campaña negativa que le hicieron. 

La capital se quedó con Unidad Nacional (UN). Lourdes Flores obtuvo en Lima  el 31,8% de los votos, lo cual implica un crecimiento de 4 puntos en votos válidos con respecto al 2001 , pero a nivel del país decreció su participación en la votación total (ver cuadro). Hoy, el 49% de la votación de UN recae en la capital, esto significa que el interior del país le dio la espalda. El reto de la derecha en el país sigue vigente, no han logrado diseñar una propuesta incluyente para la mayoría de peruanos. Ya deben tener claro que esto no se logra en el lapso de un proceso electoral y que deben comenzar ahora si quieren tener algún predicamento el 2011.

 

¿Una buena campaña?

El que Alan García esté hoy en la segunda vuelta no implica que haya llevado a cabo una buena campaña electoral. Es más, si se compraran los resultados obtenidos en esta ocasión con los registrados en el 2001, queda claro que estar cinco años suelto en plaza, siendo considerado el líder de la oposición, no le ha permitido acumular políticamente. Porcentualmente su participación ha disminuido, clara señal de las dificultades para lograr un posicionamiento adecuado en la campaña,  de la subsistencia de resistencias importantes. Alan García no ha logrado borrar de la retina de los peruanos el desastre de su anterior gobierno. No habrían sido los spots con el reaggeton, sus esfuerzos por bailarlo, ni las propuestas populares o populistas las que lo habrían llevado a pasar a la segunda vuelta sino los errores cometidos por su principal rival, Lourdes Flores. La  arremetida aprista esperada por su comando de campaña no se dio, lo que no evita que tenga buenas posibilidades de llegar a la presidencia de la República. En su caso una mala campaña permanente y una campaña electoral mediocre han sido suficientes.

 

El factor Ollanta

La aparición de los outsiders en el Perú ya es de larga data, empezó en el año 1989. La novedad es que cada proceso electoral nos trae un mensajero cada vez más radical. Tal vez sería mejor decir que la población e radicaliza cada vez más. Cierto es que Humala está lejos de ser un Evo Morales en términos electorales. El escenario que lleva al candidato de UPP a ocupar el primer lugar de votación es mucho más fragmentado que el del 2001, y en eso  nos parecemos cada vez más al Ecuador, lo cual hace intuir inestabilidad y problemas en los próximos años, especialmente si la clase política del país sigue sorda y ciega ante la necesidad de generar cambios.

Ollanta Humala no es, como el mismo quisiera, un candidato que aparece en meses. Su movimiento se gesta en años, especialmente en las zonas del país donde ganó abrumadoramente. Su hermano, Antauro Humala, sembró muy bien el apoyo que el ha cosechado. El gran mérito de Ollanta es haber estado a la altura del mito creado. Su gran reto, aún no resuelto, es como logar hablarle a sectores más amplios de la población, que quieren cambios pero le temen al salto al vacío. Sensación que se ha alimentado por la falta de preparación de las presentaciones del candidato, los problemas en su entorno y la vinculación con Hugo Chávez, de la que no ha sabido zafarse.

La candidatura de Humala representa una gran sintonía con un malestar ciudadano que ellos no crearon pero que han sabido capitalizar.

 

Una visión proactiva

Alan García y Lourdes Flores Nano son dos claros ejemplos de cómo se desaprovecha el tiempo entre campañas políticas, de cómo se desvincula la etapa electoral con lo que se hace el día a día. Sus problemas comenzaron antes de ser declarados oficialmente candidatos de sus partidos, empezaron cuando no supieron diseñar una estrategia de largo aliento para llegar al poder.

Ganar un proceso electoral supone saber administrar la contienda (la campaña electoral), pero también una preparación previa, el diseño de una estrategia de largo aliento.

Ollanta Humala es en cambio la imagen del surfer que encuentra una buena ola con la cual llegar a la playa. Ni uno ni otros han incidido en la creación de un escenario político determinado.  Un líder político debiera ser capaz de influir en las condiciones políticas, trabajar para lograr que la campaña se desenvuelva en un escenario favorable a la opción que representa. Lamentablemente estamos lejos de poder ver candidatos que entiendan que las campañas comienzan mucho antes del año que se dan las elecciones.

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